El niño crece y abandona los infantilismos.
Pero sí, la infancia es el reino donde nadie muere.
Edna St. Vincent Millay
The forbidden fruit tastes the sweetest.
Parece que llegó el otoño, ¡Que estación inmunda! Personalmente me deprime muchísimo. ¿Y a quien le gusta el otoño? Mi madre diría que "no hay tal crisis" pero en este caso, amigos, creo que la hay. En otoño se marchitan las flores, las horas de luz se acortan y vienen los días fríos. El otoño llega sigiloso, casi sin avisar, despacha al verano y nos deprime a todos. El otoño es triste.
Dicen que el tiempo es la fuerza más poderosa. Más que el amor, dicen. El amor muere, el tiempo no, el tiempo perdura y transforma todo, nos cambia, se quiera o no. Uno cree que maneja el tiempo, hablamos de ganar o perder tiempo, de dejar pasar el tiempo. Pero el tiempo pasa, lo dejemos o no. Dicen que uno cree que el tiempo lo arregla todo: con el tiempo te va a amar, con el tiempo la vas a olvidar, pero también dicen que el tiempo no arregla nada, que el tiempo arrasa, y lo que el tiempo rompe no se arregla, dicen. Dicen que el tiempo es la fuerza más poderosa, los arqueólogos lucharon contra eso, trataron de rescatar objetos, historias, y trataron de salvarlas del paso del tiempo. Pero el tiempo avanza, avanza y avanza. El tiempo no es malo ni bueno, algunas cosas las destruye, a otras las vuelve mejores, como a un buen vino, y están las que resisten al paso del tiempo, como esta silla de roble, el tiempo pasa y el roble sigue intacto, como los sentimientos nobles, que pase lo que pase no mueren con el tiempo. Porque el tiempo pasa y se olvida de mí, de vos, pero aún no puede olvidarse del amor.
Y se miraron, y se besaron por un largo rato. Y se acariciaron hasta sentir que sus manos se iban enredando. Sus suaves ojos la miraban fijamente, su sonrisa le fascinaba, la invitaba a quererlo eternamente. Ella sintió química, conexión, pasión, y algo inexplicable, que hasta el día de hoy nadie pudo describirlo. Le encantaba cuando callaba, porque cada cariño significaba mucho más. La hechizaba con su mágico sabor, estaba mal lo que hacía pero se estaba divirtiendo y lo demás estaba de más. Cuando se tomaban de la mano parecían estúpidos, perdidamente torpes, tan pero tan tiernos. Nada los frenaba, nada les impedía quererse, era el destino. Mírenlos a ellos dos, a través de mil mentiras llegaron a la verdad. 
—Acostumbraba a pensar en ti de ese modo, ya sabes, como el sol, mi propio sol. Tu luz compensaba sobradamente mis sombras.
Él suspiró.
—Soy capaz de manejar las sombras —dijo—. Pero no de luchar contra un eclipse —agregó mientras luchaba para que no le fallara la voz.



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—Ese es el problema... yo no hablo de encontrar o de perder, hablo de ser libres.
—¿Libres? —preguntó pensativo—. ¿Se podrá?